San Vicente tiene su Carnaval

El concepto y la existencia de los carnavales encuentran sus raíces en antiguas costumbres paganas que sobrevivieron, con mucha astucia, una vez que el cristianismo inundó la cultura oficial y popular en regiones que se convirtieron a esta fe, o que fueron conquistados/evangelizados. La creencia cristiana en la episódica muerte y resurrección de Cristo exigía un período de preparación – la Cuaresma -, Durante esta etapa, que se prolonga los  40 días previos a la Semana Santa, la doctrina imponía una abstinencia máxima. Ayuno y oración. Nada de beber en demasía, o comer a destajo, o fornicar, entre otras exigencias.

El ciclo podría ser considerado una tortura, de no existir espacio para una suerte de recreación de las Fiestas Dionisiacas. Dionisio antigua deidad pagana – adorado por Griegos y Romanos -, era el dios de la “jarana” que se apoderaba del cuerpo y alma de las personas durante los tres días previos a la Cuaresma Cristiana. Ahí nacen los carnavales.

¿Qué es el Carnaval?: Desenfreno colectivo. Mucha comida, trago, bailoteo. El momento en que el mendigo se torna rey y el pudiente se vuelve mendigo. Instante donde “el noble y el gusano bailan y se dan la mano, sin importarles la facha...”. Por sobre cualquier cosa participación popular. Mirando Río de Janeiro, los carnavales alemanes, Oruro, incluso los modestos carnavales de la zona interior de Iquique y Arica, es fácil comprobar la gran participación de la gente en estas fiestas.

San Vicente también tiene Carnaval. Se mantiene la norma de comida y bebida a destajo. Ello se complementa con un espectáculo con diversos artistas (el presente año la lista es amplia) que actúan durante semana. Sin embargo la diferencia está en que la gente – que llega en gran cantidad cada noche -, no participa y sólo consume.  Se consumen comida, bebidas, espectáculos y chucherías que venden una cantidad inmensa de vendedores ambulantes que se toman la plaza de armas y las calles adyacentes. Dando muestras de un alto grado de gusto por el sufrimiento, las personas lanzan a ser pisoteadas, aplastadas, toqueteadas, empujadas, mientras tratan de dar vueltas a la plaza en búsqueda de la nada.

Los que tienen más suerte logran una locación ante el escenario que les permita ver todo el show que el dolor de espaldas y piernas les permita y su capacidad de aguante para ser apretujado le indique que es suficiente. Los únicos que acceden al show en buenas condiciones son los que tienen un lugar en la platea oficial. Desde ahí, la Alcaldesa preside  la fiesta que financia fundamentalmente el Gobierno Regional con el 2% de Cultura. Emulando a su colega y compañera de partido de Viña del Mar, también recibe las adulaciones  permanentes del locutor oficial y los saludos de quienes pisan el escenario, en medio de los aplausos de la corte en la platea oficial.

Nada de participación tiene el Carnaval de San Vicente. Tal vez la excepción sea un grupo de bazucadas que, normalmente toca sin público y ahora lo hace rodeado de mucha gente y los chicos que hacen malabares en la misma plaza, invierno y verano. Un amigo cubano, que estuvo hace un par de años y con quien acudimos una noche, me decía que esta actitud de consumir y no participar era impensable en la cultura de su pueblo.

¿Existió algún esfuerzo por parte de los organizadores de dar participación a la gente? Imagino que la idea no es sólo construir ambiente para que muchos comerciantes – ambulantes y establecidos – y algunas instituciones ganen dinero, sino permitir el esparcimiento y la recreación. En caso contrario, si el tema es organizar un gran espectáculo artístico ¿por qué no llevarlo al Estadio Municipal, por ejemplo?, los asistentes estarían más cómodos y la Alcaldesa sería vista por todos, igual que la Tía Coty.

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